Archive for octubre, 2010


El eterno femenino.

El viajero llega a Los Ángeles, y en el Centro Paul Getty ve un inquietante cuadro de Géricault.

Se aparta esa pintura del estilo romántico del pintor, de su dramático efectismo. Esta obra muestra un extraño aliento de modernidad. Aparece en ella una mujer desnuda. Está acostada, y tiene las piernas ligeramente flexionadas en actitud invitadora. Ante ella se congrega una muchedumbre de varones de toda condición y calidad: guerreros, sacerdotes, artistas, señores con dinero y con poder.

Ese cuadro se llama “El eterno femenino”. Ante la eternidad de que es dueña la mujer, los hombres, en efecto, nos postramos. Porque esa eternidad es la de la vida, y ante ella todos nos rendimos. (AFA)

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Sin ti sin mi.

 

Qué hago cuando el domingo es por la tarde, y nuestro campeón se hace cobarde, y me pregunta donde estas?

 

 

 

 

Para mi amiga, Viki Chandomi. Por la magia que guarda en su sonrisa a pesar de todo!

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Eso es lo que ellos exigen… piernas bien tonificadas, cinturas angostitas, tetas perfectas y espalda ancha. Poco importa que la mujer que eligieron para toda la vida no reúna estos requisitos, ni se aproxime a estas medidas ni que, si tiene desarrollados los músculos de los brazos, sea por llevar de un lado a otro a los chicos, que todavía no caminan solos.

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Eso es lo que exigen a “la otra” Y el desabastecimiento de hombres libres, crea como si se tratara de leyes físicas una proliferación de “otras” que hacen cola para saber cuál de ellas logrará que él abandone a la gordita, con la que se casó hace diez años, cuando todavía no se hacía un culto o una adoración a la belleza porque sí.

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Las que se visten para él, se peinan para él, se ponen divinas para él. Como si fueran el pato de la boda. Con papas y todo. Las que no saben o no quieren saber que ese hombre jamás abandonará a la gordita que tiene en casa. O a la no tan perfecta mujer con la que formó esa familia. Porque, sin ellas, “la otra” pierde la magia, pierde el sentido, pierde la tonicidad en los músculos y las tetas perfectas, porque ya no tiene un contexto. Ya no es una piedra preciosa para exhibir ante los demás.

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No está mal ser bella, lo malo, quizás, es usarlo compulsivamente para lograr afecto… El amor.

 

Mi abuela era gorda y mi abuelo la adoraba. Él le midió un día la cabeza. Y descubrió que medía exactamente, 90-60-90.

Apenas un dia.

Estaba sólo cuando al día siguiente el sol me desveló
me desperté abrazando la ausencia de su cuerpo en mi colchón.

Lo malo no es que huyera con mi cartera y con mi ordenador
peor es que se fuera robándome además el corazón.

Feliz cumpleaños, Chaparrin!

Charco.

La ciencia puede explicar muchos misterios, pero difícilmente podrá explicar por qué un niño nunca le da la vuelta a un charco.
He aquí el charco. Ha quedado después de la lluvia, en el camino. Y aquí el niño. Regresa de la escuela; trae el pantalón blanco del uniforme, y los zapatos negros bien lustrados. Llega al charco y lo mira. Duda un poco: piensa quizás en el regaño de su madre. Pero esa vacilación dura un instante. Vencida la duda, el niño entra gozoso en el charco, y brinca para que el agua salte y lo salpique. Yo miro eso desde la ventana, y me sonrío. Otra vez el gozo de vivir ha triunfado sobre la solemnidad del mundo. Un niño que atraviesa un charco es el mejor ejemplo de la agradable levedad del ser.

“El diálogo, requiere la convicción de que una solución debe proponerse o aceptarse, no como una condición para el triunfo de una ideología sobre las demás. El diálogo no excluye la controversia, la discrepancia, la oposición o la pasión por las ideas.

El diálogo no es expresión de debilidad, ni implica asumir compromisos ambiguos, porque la simple razón del diálogo no es un fin, sino un medio; que no da la verdad, ni resuelve problemas por sí mismo, sino que ordena la discusión de las ideas y permite la construcción de soluciones mayoritarias a los grandes problemas que enfrenta  nuestro país.”

Juan Camilo Mourillo Terrazo

 

La sala de espera estaba casi vacía.
El cartel anunciaba el objetivo:
“Tomografía Axial Computada”.
De repente sale la asistente al pasillo y llama por el apellido…
Flores, Facundo.
Mamá dice: ¡Vamos! ¡Ya te llaman para la nave espacial!
El nene repite: ¡Para la nave espacial!
Y su pequeña estatura de tres años entra al lugar dando saltitos de alegría.

Varios minutos más tarde
mamá y nene salen del consultorio.
El chiquito se dirige hacia la salida
cuando la mamá vuelve a llamarlo:
¡Esperá… que nos tienen que dar las fotos del viaje!
Admiré a esa mamá.
Y tomé nota.

Los amigos estábamos un día en “Sol y Luna”, excelente restorán de mi ciudad, Saltillo. De súbito se abrió la puerta, y apareció en ella, recortada contra la luz de la mañana, una figura masculina que se detuvo ahí y paseó luego una mirada altiva por la concurrencia, como buscando a alguien. “Miren qué hombre -les dijo fascinada a sus amigas una señora que estaba en la mesa de al lado-. Ha de ser torero”. Lo era, ciertamente. Quien así había aparecido, igual que por la puerta de cuadrillas para salir al ruedo, era Rodolfo Rodríguez”, “El Pana”, autor del más hermoso brindis que en mi opinión se ha hecho en toda la historia de la torería: brindó la muerte de un toro a las prostitutas -él dijo la palabra con ahorro de letras-, daifas y mesalinas -usó esas voces culteranas-que le dieron de comer y de coger cuando era un pobre torerillo que se moría de hambre y de deseos. En “El Pana” se cumple cabalmente el viejo dicho según el cual el torero no sólo debe serlo: también debe parecerlo. (AFA)

 

Dedicada a mi amiga M, para que nunca deje de brillarle la mirada…

Me gusta contar historias cercanas, porque están tan cerquita que me tocan profundamente el corazón. Hoy quiero hablarle de mi amiga M. (El nombre no importa, pues como todas mis historias, esta sólo pertenece a mi imaginación) Mi amiga M. tiene alrededor de 35 años. Trabaja para una empresa inmobiliaria. Sus hijos son mayores y hace algún tiempo que se separó. Mi amiga M. no ha tenido pareja desde entonces. Es una mujer divertida, estupenda, inteligente y muy pero que muy potente. Con mucha energía, pues.

Mi amiga M. se fue a pasar unos días de vacaciones a una isla con muchas palmeras, barcos que retozan sobre las cálidas aguas del mar y gaviotas. Y, allí, ha reencontrado a un hombre. “El hombre que me escucha”, me dijo. El hombre que no sólo la ha escuchado sino que también la ha cuidado y la ha valorado. El hombre que la ha llevado a ver el amanecer en la playa, y le ha servido vino en copas de cristal. Un hombre que le ha hecho reír y que le ha respetado sus momentos, tanto los de soledad como los de compañía. Un hombre que le ha regalado una ilusión.

Mi amiga M. ha regresado nueva. Y le salen chispitas de los ojos. Y me cuenta que él la llama casi cada día y que ya han hecho planes para que venga un fin de semana a verla. Mi amiga M. está preciosa. Y, de verdad, le salen chispitas de los ojos. Hasta se le agrandaron como a la cojita de Sabines.

Y, a mí, me hace muy feliz verla tan radiante. Y me hace muy feliz poder contarlo. Porque, a veces, parece que la vida se nos acabe a cierta edad. Y me alegra saber que no es verdad. Que la vida está llena de sorpresas, que siempre hay tiempo para ilusionarse, y que, cuando menos te lo esperas, tus sueños se hacen realidad (y que conste que no hablo, solamente, del amor). Mi amiga M. está viviendo un sueño que ni siquiera se atrevió a soñar. Mañana te puede pasar también a ti. Así que… abre bien los ojos. Y abre también, de par en par, tu corazón.