Dedicada a mi amiga M, para que nunca deje de brillarle la mirada…

Me gusta contar historias cercanas, porque están tan cerquita que me tocan profundamente el corazón. Hoy quiero hablarle de mi amiga M. (El nombre no importa, pues como todas mis historias, esta sólo pertenece a mi imaginación) Mi amiga M. tiene alrededor de 35 años. Trabaja para una empresa inmobiliaria. Sus hijos son mayores y hace algún tiempo que se separó. Mi amiga M. no ha tenido pareja desde entonces. Es una mujer divertida, estupenda, inteligente y muy pero que muy potente. Con mucha energía, pues.

Mi amiga M. se fue a pasar unos días de vacaciones a una isla con muchas palmeras, barcos que retozan sobre las cálidas aguas del mar y gaviotas. Y, allí, ha reencontrado a un hombre. “El hombre que me escucha”, me dijo. El hombre que no sólo la ha escuchado sino que también la ha cuidado y la ha valorado. El hombre que la ha llevado a ver el amanecer en la playa, y le ha servido vino en copas de cristal. Un hombre que le ha hecho reír y que le ha respetado sus momentos, tanto los de soledad como los de compañía. Un hombre que le ha regalado una ilusión.

Mi amiga M. ha regresado nueva. Y le salen chispitas de los ojos. Y me cuenta que él la llama casi cada día y que ya han hecho planes para que venga un fin de semana a verla. Mi amiga M. está preciosa. Y, de verdad, le salen chispitas de los ojos. Hasta se le agrandaron como a la cojita de Sabines.

Y, a mí, me hace muy feliz verla tan radiante. Y me hace muy feliz poder contarlo. Porque, a veces, parece que la vida se nos acabe a cierta edad. Y me alegra saber que no es verdad. Que la vida está llena de sorpresas, que siempre hay tiempo para ilusionarse, y que, cuando menos te lo esperas, tus sueños se hacen realidad (y que conste que no hablo, solamente, del amor). Mi amiga M. está viviendo un sueño que ni siquiera se atrevió a soñar. Mañana te puede pasar también a ti. Así que… abre bien los ojos. Y abre también, de par en par, tu corazón.

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