Indagando y buscando respuestas a esta pregunta, he encontrado que hay muchas teorías al respecto, pero nadie sabe muy bien a donde van. Algunos dicen que van al “Boulevard de los sueños rotos” de Sabina, otros piensan que se van a la casa de la frustración o a la calle del olvido. Hasta los hay que dicen que se escapan por nuestras lágrimas y que Dios los recoge. Ese debe ser el cielo para sueños rotos, que dicen otros tantos…

Pero no es así, los sueños rotos no se van, nunca se marchan, se van directos al corazón, por eso duelen tanto. Se quedan en nosotros y nunca mueren, son nuestros pesares, una parte que se queda por cumplir. Nos hacen pasar por todos los estados posibles, empiezan con la desilusión pasando a la frustración, y de ahí nos llevan a la impotencia donde pasado un tiempo se convierten en tristeza. Se quedan en pena, y es cuando se instalan por siempre en el corazón para recordarnos que los sueños que no se cumplen nos matan el alma, que esas heridas no cicatrizan… Así nos enseñan que a los sueños hay que dejarlos en su mundo de sueños, porque si los sacas de allí, pretendiendo traerlos al mundo de las realidades, pierden el equilibrio, se caen y se rompen como el cristal, en mil pedazos…

Pero en realidad ¿A dónde van los sueños rotos?

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