El viajero llega a Los Ángeles, y en el Centro Paul Getty ve un inquietante cuadro de Géricault.

Se aparta esa pintura del estilo romántico del pintor, de su dramático efectismo. Esta obra muestra un extraño aliento de modernidad. Aparece en ella una mujer desnuda. Está acostada, y tiene las piernas ligeramente flexionadas en actitud invitadora. Ante ella se congrega una muchedumbre de varones de toda condición y calidad: guerreros, sacerdotes, artistas, señores con dinero y con poder.

Ese cuadro se llama “El eterno femenino”. Ante la eternidad de que es dueña la mujer, los hombres, en efecto, nos postramos. Porque esa eternidad es la de la vida, y ante ella todos nos rendimos. (AFA)

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