No siempre hablamos como amantes junto al mar.A veces elogio tu vestido y vos mi abrigo (especialmente si sentimos que dejamos de vernos por un tiempo) O te noto más delgada. O no has cambiado nada. O ayer no encontraba las llaves de la casa. O recobré el reloj que daba por perdido.
Entonces te pido que me cuentes tu primer beso adolescente mientras muerdo tus labios suavemente y deslizo mi mano por tu escote.
Y te agitas mientras cuentas. Y mi boca se detiene en la esquina de tu cuello con tu hombro. Y sigo por tus partes más blancas y más tibias.
Y no te calles te pido, continúa (la voz nos sale temblorosa) Y abro las telas que te cubren y recorro tu piel, tus lunares y tus ríos. Y te bebo. Te consumo. Te derramo. Y es perverso hacerte hablar de ese ingenuo primer beso. Y me excita que pienses que es perverso
Y te pido que abundes en detalles.
Y sigue un relato delirante con jadeos. Y gritos apagados. Y gruñidos. Y suspiros.
Y nos saciamos como dos perros hambrientos. Montaraces. Embusteros. Callejeros.
Y volvemos a vestirnos, nos peinamos. Enciendo un cigarrillo. Te delineas los ojos y los labios. Alisas tu vestido. Me preguntas si no hace mal que esté fumando tanto.
Y yo respondo que decidí dejar el cigarrillo.
Y en silencio nos tomamos de la mano.
Esta nublado.
Parece que se viene una tormenta.
Y no cerraste la ventana de tu pieza.
Caminamos por la playa conversando amablemente.
Y entramos a la casa como amigos.

Nos estaban esperando.

 

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