Miguel Ángel halló inspiración en burdeles, y en otros sitios donde se ejercía la prostitución, para pintar sus frescos en la Capilla Sixtina.Al menos eso dice la historiadora Elena Lazzarini, experta en arte renacentista, en un artículo publicado antier por el periódico italiano “Corriere de la Sera”.
Según esta señora, Miguel Ángel acudía frecuentemente a las “stufa”, baños públicos en los cuales se practicaba un activo comercio sexual. Ahí encontraba mujeres y hombres cuyos rostros y cuerpos dibujaba, y usaba luego en su pintura.El mundo, ese mundo tan despreciado por algunos credos, irrumpe siempre en el ámbito de lo religioso. Inseparables son la materia y el espíritu. No se puede desdeñar a aquélla sin lastimar a éste. En lo material hay tanta santidad como en lo espiritual. De ambos elementos está hecha la vida; no sólo la del hombre, sino también la de los animales y las plantas, y aun la de los minerales, pues también en la piedra, aparentemente inanimada, late el espíritu creador.
Amo más los frescos de Miguel Ángel ahora que sé que todo el mundo y toda la vida están en ellos. (AFA)

 

 

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