Archive for enero, 2011


Cobija

Esta cobija es grande y gruesa. Está hecha de lana y lana -así se dice-, y salió de los viejos obrajes de Saltillo, en cuyos telares nace también el prodigio de nuestros sarapes.

¿Cuántos años tendrá esta cobija? Todos, creo. Y sin embargo no ha perdido su color ni su calor. Se guarda todo el año en el ropero grande, y en el invierno la sacamos para que por la noche nos proteja del frío que baja desde lo alto de la nevada sierra.

Yo quiero mucho a esta cobija. Y pienso que ella también me quiere a mí, pues me abraza, primero con tibieza de madre, y luego con calidez de esposa. Abrazado por ella voy al sueño, y cuando por la mañana vuelvo al otro sueño mi cobija de lana y lana es el primer regalo del día.
Doy gracias por esta humilde majestad que me salva del frío de la noche con su amorosa ternura de mujer. (AFA)

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Bakster.

Jean Cusset, ateo con excepción de la vez que oyó cantar a Victoria de los Ángeles, dio un nuevo sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre- y continuó.

-Bakster, estudioso de la conducta de las plantas, hizo un curioso experimento. Designó a seis de sus alumnos, y tras colocar dos plantas en una habitación cerrada les pidió que uno de ellos, escogido por sorteo secreto, fuera a la habitación y “asesinara” a una de las plantas, destrozándole sus hojas, su tallo y su raíz. Después, sin saber quién era el “asesino”, Bekster conectó un polígrafo a la planta sobreviviente, y ordenó luego a los estudiantes que entraran uno por uno en la habitación. Cuando llegó el culpable, Bekster lo identificó: la planta testigo reaccionó de modo tal que el aparato registró cambios que no se habían producido al entrar los otros.

-Tenía razón Shakespeare -siguió diciendo Jean Cusset-. “Hay más cosas en los cielos y en la tierra que las que alcanzaron a soñar juntas todas tus filosofías”.

La amiga de Cusset, que mientras él hablaba estaba pensando en otras cosas, le preguntó de pronto:

-¿Me amas?

-No te lo puedo decir ahora -respondió él bajando la voz-. Nos está oyendo mi rosal. (AFA)

Sucede que…

 

Sucede que de pronto brilló otra vez la luz de una pasada estrella cuyo fulgor parecía extinto ya.
Nadie la vio nacer de nuevo; nadie miró su luminosidad. Hubo un solo hombre que en esa luz tenía su esperanza, y la guardó en el recuerdo cuando entre los giros del universo se perdió su resplandor. Esperó -el amor es el arte de la espera-, y no quitó jamás los ojos del punto donde la estrella había brillado. Y cuando se volvió a encender puso su nueva luz junto a la luz que siempre había llevado con él, nunca extinguida y olvidada nunca.
Así en la vida. No desesperes nunca de la estrella. Todos tenemos una que nos pertenece por razón de amor, que es máxima razón. Alguna vez la estrella brillará otra vez, y resplandecerá tu corazón con el derecho que tienen a la luz aquellos que no se dejan vencer por las tinieblas. (AFA)

 

Un día simple.

 

HOY solo me dedicaré a ver a mis hijos deambular alegremente por el hogar que han construido a mi lado. Este lugar donde moran sus ilusiones recuperadas y algunos dolores recónditos. Hoy solo me importará el brillo de sus ojos, sus gritos, pleitos y reconciliaciones. Hoy puedo asomarme al futuro viendo el viejo calendario enflaquecido sosteniendo una hoja a la que le pesan los días ausentes. Hoy mi felicidad es simple, grandiosa por insignificante…

 

A. Santos