Esta cobija es grande y gruesa. Está hecha de lana y lana -así se dice-, y salió de los viejos obrajes de Saltillo, en cuyos telares nace también el prodigio de nuestros sarapes.

¿Cuántos años tendrá esta cobija? Todos, creo. Y sin embargo no ha perdido su color ni su calor. Se guarda todo el año en el ropero grande, y en el invierno la sacamos para que por la noche nos proteja del frío que baja desde lo alto de la nevada sierra.

Yo quiero mucho a esta cobija. Y pienso que ella también me quiere a mí, pues me abraza, primero con tibieza de madre, y luego con calidez de esposa. Abrazado por ella voy al sueño, y cuando por la mañana vuelvo al otro sueño mi cobija de lana y lana es el primer regalo del día.
Doy gracias por esta humilde majestad que me salva del frío de la noche con su amorosa ternura de mujer. (AFA)

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