Las líneas paralelas no pueden unirse ni aunque se prolonguen hasta el infinito.
Eso dice la razón. El corazón, sin embargo, dice otra cosa muy distinta.

Dos líneas paralelas se enamoraron. El amor hizo que se unieran, y ya no fueron dos líneas: fueron una sola. Así, como una sola línea, llegaron al infinito.
Ahí trataron de separarlas quienes a toda costa querían que triunfara la razón. Pero triunfó el amor, y nada pudo separar a las dos líneas paralelas, porque en el infinito eran ya una sola línea.

De esto derivo una enseñanza: lo que en este mundo puede ser verdad, a lo mejor en el infinito es mentira. (AFA)

 

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