– “Fijate bien con quién te acuestas… Porque hay cada wey allá afuera que no sabes que te puede pegar o con qué te puede salir a la mera hora.”

Es lo que mi madre siempre me ha dicho desde que yo tenía 15 y me vio que salí igual de caliente que ella. La neta. Y tiene razón ¿a poco no? Me decía:

-“Cuando quieren quitarte los calzones, son todos unos hombres, pero si resultas preñada, son más niños que el bulto que llevas en la panza.”

Pero, bueno, yo ya no puedo aconsejarte lo mismo wey, digo, mira donde estamos.

Igualito le pasó a mi madre, también vino a una clínica de éstas y  cuando salió el dolor le duró un buen de tiempo wey, también la sangre que no le paró en tres días, y al wey que la embarazó, mal lo había perdonado su mujer y ya andaba detrás de otra vieja pendeja –sin ofender- pero de consuelo mi madre ya no iba a perder la figura. ¿Si entiendes, no?

La segunda vez que le pasó, pues ya no quiso y fue cuando nací yo.

Digo, porque un hijo no es cualquier pedo wey, los hijos son como la continuación de uno mismo, no son del wey que te embaraza y ya, también son una parte tuya wey. Y no puedes andar acabando con alguien que tiene tu sangre, sólo porque no te fijaste con quien te acostabas, digo, alguien tiene que demostrarles a esos pendejos que tenemos mas bolas que ellos. ¿Apoco no wey?

¡No! No llores wey, si yo nomás quería que te rieras, por eso te conté mi historia, mira ya te toca pasar a ti. Como tu digas wey, si quieres nos vamos…

Está bien, deja les aviso que mejor nos vamos…

 

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