Archive for marzo, 2011


 

Sentado junto a la ventana los dedos callosos de Demetrio Macías iban y venían sobre el teclado del celular. El Manteca adormilado acomodaba los cartuchos y contaba las AK-47 que recién había traído Anastasio la noche anterior.
-Es cosa que no puedo explicar, Curro- dijo Demetrio- pero si no regresaba por la Camila, siento que todo esto ya era para nada.
-No tiene nada que explicar jefe, mire, le traje un presentito.
Y de la bolsa del chaleco saco una magnifica pieza, con cacha de oro y la finísima imagen de un oso con ojos de esmeraldas.
-¡Curro! Hijo de la chingada, de donde sacas…
-Mucho mejor que la del güero palma jefe, le juro que no es nada.
Demetrio acaricio la culata dorada y de reojo miraba al Manteca, que sin inmutarse ante semejante lujo, separaba los chalecos antibala que había regados por el piso, entre cajas vacías de pizza y comida china.
Pancracio, y la Codorniz entraron muertos de risa, detrás de ellos  el Güero Margarito, ridículamente enfundado en  playera y pantalón Ed Hardy, que se notaba era dos tallas demasiado chica para sus generosas carnes.
-Nomas te faltó la gorra güero – escupió la codorniz, mientras ya todos se acomodaban los chalecos, guardaban armas en su fundas, tranquilos, riendo, solo Demetrio, miraba con ojos de acero hacia la ventana.
Tocaron a la puerta, el Manteca saco la pistola y de dos zancadillas se paro detrás de ella:
-¿Quién es?
No hubo respuesta. Demetrio ya tenía puesto el chaleco y a señas indicaba a los otros donde acomodarse.  Por la ventana de la improvisada cocina El güero Margarito alcanzo a ver asomarse del techo del edificio contiguo a un soldado que tirado de panza, le apuntaba con su rifle.
-¡Son guachos, Demetrio! ¡Son Guachos!
Todo termino en segundos.

Visita inesperada.

Mire, aquí traigo la nota, ¿podría revisar otra vez? – Si señor, con gusto lo intento pero tome asiento, ya le dije que llegando mi jefe le explico su problema. Oiga si, le entiendo, pero si el papel indica claramente que estoy en todo mi derecho, ¿Cómo diablos le explico que todo esto me exaspera enormemente? – Yo que mas quisiera, señor, pero el jefe es muy estricto para esas cosas, ¿sabe?, y estas computadoras generalmente nunca fallan a la hora de recibir a las visitas, pero mire, no, ninguna reservación a su hombre, si quiere puede esperar en el bar de aquí a dos cuadras y yo le digo a mi jefe que vino, ¿si?, así le explico los detalles con tranquilidad. El hombre arrastró su calma y sus viejos huaraches calle abajo, empujó la puerta del lugar, se sentó junto a la barra y pidió una cerveza Corona.

Cuando el Papa llegó a su oficina del Vaticano halló el más extraño post-it desde que fuera elegido en su posición:

– Vino Jesús, hijo de Dios, dice que lo espera en el bar de la esquina, que por favor le lleve algo de dinero para pagar.

 

¿Que pasó doña Herlinda? preguntó a su vecina que salió con la cabeza llena de tubos para rizar y fumando, pero ella fumaba rojos. No sé mijo, pero parece que a esas personas se las están llevando palgún lado. No se dice palgún, doña Herlinda, se dice para algún. Ay mijo, como me tienes harta con tus pinches correcciones; pero me encantas cuando me coges. Shhhh, cállese doña Herlinda, que la pueden escuchar.

Al instante se acercó un hombre vestido impecable, al estilo escuadrón especial de policía -solo que de traje blanco y fumando cigarrillos blancos- y en su su placa se leía agente Rakib, y dijo: Disculpe señor Moraga, ¿se la esta usted cogiendo sin estar casado? Moraga tartamudeó un poco pero contesto: s-s-s si estoy casado. ¡Pero con ella, no se haga pendejo! dijo Rakib. Ah, eso. Especifique don, contestó Moraga un poco sonrojado. Bueno, sonorojado es un decir por que Moraga está más prieto que el prieto azabache. Sería más corrector decir abochornado. Esteeee, pues no, no estoy casado con ella, jeje, añadió.

¡Impío! Y además…¡Fuma!…¿Qué no le advirtió su sacerdote? Sólo los que siguieron las enseñanzas irán al paraiso, y usted vivirá bajo el gobierno de la Bestia. ¡Infiel! Ay no me chingue, replicó Moraga, tenemos años gobernados por puras besitas, pero tal vez nosotros seamos más bestias por aguantarlos. En verdad que es usted pendejo señor Moraga, dijo Rakib. Ni convirtiéndose en Papa entraría al reino del señor.

¿Y usted?, replicó Moraga, usted también fuma. Yo ya estoy dentro, pendejo; y además soy el que reparte el queso, contesto el superpolicia celestial. Véngase doña Herlinda, que a usted también me la voy a arrebatar, terminó.

Oiga, ¿y ella por qué sí, si es bien puta?…y además ¡Fuma! dijo Moraga. ¿Necesita alguna otra virtud? contestó el agente celestial, mientras tomaba por la cintura a doña Herlinda.

Deveras que es usted pendejo Moraga, pendejísimo.

 

Milagro.

No volveré a descuidar mis bebidas. A huevo, debió ser algo así.

Ni me acuerdo a qué bares fui hace dos meses. Y lo peor, sí hubo días en que llegué cayéndome de borracha y sin recordar gran cosa. Pero ahí están las pendejas de mis amigas con su “Hay que cuidarnos entre todas”. Idiotas. A ver si un día de estos las vuelvo a salvar de los güeyes que se las fajonean.

Debió ser eso, no hay otra explicación. Y por supuesto, no puedo poner en peligro mi futura boda, ya suficiente tengo con casarme con un ruquito como para encima, salir con un cuento de este tamaño. Mi pinche familia con sus costumbres ancestrales.

Por lo menos espero que el guey que me cogió haya sido guapo y espero que mi pedez no me haya apendejado tanto como para cogerme a un argentino, con eso de que se sienten Dios los putitos sudacas.

Obviamente el pendejo no usó condón, putísima la madre de su madre… ¿y si me pegó algún bicho? También tendré que hacerme la prueba del VIH.

Menos mal que no vivo en uno de esos puebluchos llenos de puritanos. Aquí estos pedos se resuelven en tres patadas. Me tomo las pastillitas que me de el gine, jijiji, jajaja y adios problemas. Le voy a mandar un mailito a mi primis por si las dudas:

“Isa, Metí la pata un poquito y no sé ni con quién. Pero ya tengo todo resuelto. Voy con mi gine de toda la vida. Te aviso por si las flys o por si me busca mi mamá contigo. Tu calladita, ehh.

Vicky María.

 

Siempre estuve orgulloso de conseguir a la mujer que se me antojara. Nunca ligué por razones absurdas y ofensivas, nunca follé por apuestas, nunca hice el amor para jactarme como el macho dominante de la manada. Por lo regular, las anécdotas de mis conquistas me las reservaba; cuando salía a flote el tema por supuesto que no me quedaba atrás, pero era modesto. De todas me gusta algo; su figura, su cabello, su rostro, sus chichis, su olor, su personalidad, su forma de hablar, de moverse… Podía ser la mujer más fea pero con que tuviera un detalle bello, me interesaba.

Ella definitivamente no es agraciada, no para el estándar al que nos atenemos. De hecho, parece “niño”. Pero tenía algo, un no sé qué, y conforme más la trataba más me interesaba. Me costó convencerla.

 Cuando lo hago me gusta tener el dominio, ser quien lleve las riendas del Acto.

Besar cada rincón de su cuerpo, deslizar mis manos por toda su piel. Cuando llego al climax termino donde y como me plazca, sin consideración a mi pareja.

La primera vez que estuve con Ella creía que tenía el control, tomé la iniciativa, Ella sólo acataba mis deseos. Desnudos, en el suelo, Ella encima de mí, Ella era todo, yo no existía, sólo la sensación que me proporcionaba, la sentía. Veía su cuerpo de muchacho imberbe mientras me hacía la felación, fue cuando me supe: yo fui su conquista. Aún con mi miembro en su boca sonrió con picardía, sabía que me tenía y que terminaría cuando y como quisiera.

Hice algo que nunca me creí capaz. Tímidamente, le pregunté:

—¿Puedo venirme en tu boca?

Siguió mamando con suavidad hasta que finalmente se detuvo y responde:

—Sólo si tu leche sabe a soya.

… Me siguen gustando todas, pero sólo hago el amor con una.