No volveré a descuidar mis bebidas. A huevo, debió ser algo así.

Ni me acuerdo a qué bares fui hace dos meses. Y lo peor, sí hubo días en que llegué cayéndome de borracha y sin recordar gran cosa. Pero ahí están las pendejas de mis amigas con su “Hay que cuidarnos entre todas”. Idiotas. A ver si un día de estos las vuelvo a salvar de los güeyes que se las fajonean.

Debió ser eso, no hay otra explicación. Y por supuesto, no puedo poner en peligro mi futura boda, ya suficiente tengo con casarme con un ruquito como para encima, salir con un cuento de este tamaño. Mi pinche familia con sus costumbres ancestrales.

Por lo menos espero que el guey que me cogió haya sido guapo y espero que mi pedez no me haya apendejado tanto como para cogerme a un argentino, con eso de que se sienten Dios los putitos sudacas.

Obviamente el pendejo no usó condón, putísima la madre de su madre… ¿y si me pegó algún bicho? También tendré que hacerme la prueba del VIH.

Menos mal que no vivo en uno de esos puebluchos llenos de puritanos. Aquí estos pedos se resuelven en tres patadas. Me tomo las pastillitas que me de el gine, jijiji, jajaja y adios problemas. Le voy a mandar un mailito a mi primis por si las dudas:

“Isa, Metí la pata un poquito y no sé ni con quién. Pero ya tengo todo resuelto. Voy con mi gine de toda la vida. Te aviso por si las flys o por si me busca mi mamá contigo. Tu calladita, ehh.

Vicky María.

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