¿Que pasó doña Herlinda? preguntó a su vecina que salió con la cabeza llena de tubos para rizar y fumando, pero ella fumaba rojos. No sé mijo, pero parece que a esas personas se las están llevando palgún lado. No se dice palgún, doña Herlinda, se dice para algún. Ay mijo, como me tienes harta con tus pinches correcciones; pero me encantas cuando me coges. Shhhh, cállese doña Herlinda, que la pueden escuchar.

Al instante se acercó un hombre vestido impecable, al estilo escuadrón especial de policía -solo que de traje blanco y fumando cigarrillos blancos- y en su su placa se leía agente Rakib, y dijo: Disculpe señor Moraga, ¿se la esta usted cogiendo sin estar casado? Moraga tartamudeó un poco pero contesto: s-s-s si estoy casado. ¡Pero con ella, no se haga pendejo! dijo Rakib. Ah, eso. Especifique don, contestó Moraga un poco sonrojado. Bueno, sonorojado es un decir por que Moraga está más prieto que el prieto azabache. Sería más corrector decir abochornado. Esteeee, pues no, no estoy casado con ella, jeje, añadió.

¡Impío! Y además…¡Fuma!…¿Qué no le advirtió su sacerdote? Sólo los que siguieron las enseñanzas irán al paraiso, y usted vivirá bajo el gobierno de la Bestia. ¡Infiel! Ay no me chingue, replicó Moraga, tenemos años gobernados por puras besitas, pero tal vez nosotros seamos más bestias por aguantarlos. En verdad que es usted pendejo señor Moraga, dijo Rakib. Ni convirtiéndose en Papa entraría al reino del señor.

¿Y usted?, replicó Moraga, usted también fuma. Yo ya estoy dentro, pendejo; y además soy el que reparte el queso, contesto el superpolicia celestial. Véngase doña Herlinda, que a usted también me la voy a arrebatar, terminó.

Oiga, ¿y ella por qué sí, si es bien puta?…y además ¡Fuma! dijo Moraga. ¿Necesita alguna otra virtud? contestó el agente celestial, mientras tomaba por la cintura a doña Herlinda.

Deveras que es usted pendejo Moraga, pendejísimo.

 

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