Archive for abril, 2011


A, b, c, d, e, f, g…

La respuesta a todas las preguntas está en el alfabeto. Lo único que tenemos que hacer es sacar de él las letras precisas para obtener la contestación deseada. ¿Existe Dios? La respuesta se halla en el alfabeto. ¿De dónde venimos, y a dónde vamos? En el alfabeto se encuentra la solución a ese enigma. ¿Hay vida después de la muerte? Oculta en el alfabeto está la réplica. Ordenemos el alfabeto, pues. La tarea no es grande, pues las letras son pocas. Si las combinamos bien obtendremos todas las sabidurías, y aun los misterios más grandes se nos revelarán. Empecemos ahora mismo. Yo aportaré lo más valioso: la materia prima. Hela aquí:

A, b, c, d, e, f, g…

(AFA)

Platón

 

Así es la cosa. A mi mujer le hablan de Platón y se pone aristotélica. No sé cómo, no sé por qué. En cuanto escucha una palabra sobre la reminiscencia, el mundo inteligible o la teoría de las formas, ella se ruboriza, se le nublan los ojos, deja escapar un gemido, y se pone a imaginar espaldas anchas y nalgas musculosas. Yo intento, como es lógico, detenerla. Pero es inútil. Una furia empirista la posee por completo, y lo único que le interesa es el paso de la potencia al acto.

Pensar nunca es indecente, me consuelo. Aunque admito que me desconcierta tanto empeño en la física, cuando lo que verdaderamente importa es la metafísica. Cada noche es lo mismo. En serio. Nunca falla. Yo digo por ejemplo: «caverna». O «sol». O «riendas». Y ella, enseguida, loca. Desparramada en la cama. Quitándose la ropa. Gritando sin decoro: ¡Bésame, Platón!

Yo, a mi edad, soy poco impresionable. Cosas peores he visto. Además, no lo niego, el comportamiento de mi mujer tiene sus ventajas. Digamos que antes, y perdonen el juego de palabras, nos costaba acostarnos. Desde que descubrí lo de Platón, mano de santo. Lo que pasa es que el deseo, el caballo de su deseo, se le desboca a todas horas, en todas partes, tenga uno ganas o no. Sospecho que mi mujer confunde el apetito con el banquete. En fin. Mis amigos se ríen, celebran nuestro problema, incluso nos felicitan. Yo, qué quieren que les diga, dudo. En el fondo estas perversiones me turban. Siempre he sido un poco kantiano, y pienso que hay cosas que no deberían hacerse.