¿Pero de verdad está muerto? no nos vaya a hacer pendejas como aquella tarde que se estaba haciendo wey tirado allá en la cañada. ¿A cuantas se jodió esa vez? ¿300? ¿400?

No, ora si esta bien muerto, ya hasta huele mal el cabrón. Y si no me crees mira, ahí vienen aquellas arrastrando un buen pedazo que le acaban de arrancar al méndigo.

¡Órale muchachas, se están durmiendo! ya las vísceras jugositas se están terminando, luego nomás la trompa les van a dejar. ¡Apúrense!

¡Ok, ya vamos!

Oye amiga, pero vieras que aún me cuesta creerlo, es demasiada buena suerte. Pero dime ¿Quién lo mató?
No sé, pero según las chismosas del hoyo 14 dicen que estaba intentando cruzar el mar de piedra negra cuando uno de los gigantes correlones lo golpeó y voló por los aires hasta que chocó con este nogal.
Pues bonito funeral que le hemos armado a este desgraciado. Pero bueno, a lo que venimos. A ver, ayúdame a arrancarle este trozo.

Estas y otras conversaciones por el estilo, que para el oído inexperto pasarían por chasquidos y ruidos sin sentido, se escuchaban entre las hormigas que alegremente destazaban el pútrido cadáver del oso hormiguero.

 

 

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